Archive for Febrero 2010

La antigua Ragusa romana es hoy una ciudad del todo imprescindible de la costa mediterránea. Dentro de sus poderosas murallas se palpa el poso de una historia de más de mil años que la ha adornado con palacios, cúpulas, conventos y callejas con mucho sabor que, tras una minuciosa restauración después de la guerra de los Balcanes, vuelven a lucir en todo su esplendor.

dubrovnik

A Dubrovnik, para paladear como se merece la estampa de su ciudad medieval entretejida de piedra, hay que llegar a ser posible por mar. Abierta completamente hacia el Adriático y respaldada por colinas, la más encantadora de las ciudades croatas atesora dentro de sus potentes murallas más de mil años de historia que se dejan sentir en cada recoveco de su casco viejo, sembrado de cuestas empedradas y mercados, de puertas monumentales, monasterios e iglesias imprescindibles como la de San Blas o de palacios como el de la Rectoría, que hacen una delicia caminar sin rumbo fijo por sus esquinas. Y todo, sin coches a la vista.

Su fundación se remonta al siglo VII, cuando se instalaron aquí unos refugiados huidos de Epidaurum, la actual Cavtat. En los siguientes cinco siglos Dubrovnik siguió creciendo bajo la protección del Imperio Bizantino y, tras las Cruzadas, bajo el de los venecianos por un siglo y medio más, aunque su Edad Dorada, en la que se engalanó de palacios y elegantes edificios civiles, se desarrolló durante el XV y XVI. Fue entonces cuando la república de Dubrovnik se hizo especialmente próspera gracias a su flota comercial, que mercadeaba con éxito hacia el Este y el Oeste del Mediterráneo, y cuando este estado independiente, gobernado por una élite aristocrática, se convirtió en uno de los más avanzados de su tiempo.

El frenazo para el florecimiento de Dubrovnik que apenas supuso el dominio otomano a partir del XVI se lo dio el terremoto de 1667, que causó más de 5.000 muertos y devastó los edificios principales de la República, abocándola a una decadencia anunciada a la que acabaron dando un último golpe de gracia las tropas napoleónicas al tomar la ciudad.

stradum

Todo el poso de su historia queda encerrado por su muralla, construida entre los siglos XIII y XVI, de casi dos kilómetros y con hasta 25 metros de altura y 6 de grosor, guarnecida con fuertes, bastiones y torreones que, si antaño defendían la ciudad, hoy atrae hacia ella como un imán a los visitantes. En un paseo desde sus alturas se divisa una soberbia panorámica de cúpulas y techados de teja roja, mientras que a sus pies aparece un cogollo compacto y uniforme de patios y estrechas callejuelas que casi inevitablemente van a dar al Stradun, la calle principal enlucida de mármol que secciona en dos el casco antiguo.

Resulta casi milagroso que el centro histórico haya logrado conservarse en tan óptimo estado tras un pasado tan turbulento y, más todavía, tras la guerra de los Balcanes que en los 90 siguió a la desintegración de Yugoslavia, durante la cual la ciudad fue sitiada durante siete meses y cayeron sobre ella más de dos mil bombas. Los trabajos de reconstrucción coordinados por la Unesco, que en 1979 había incluido Dubrovnik en su lista del Patrimonio de la Humanidad, han logrado sin embargo que la ciudad entera luzca de nuevo radiante y que acercarse hasta ella, a las playas que la rodean o a la isla de Lokrum que flota frente a su costa, sea una auténtica delicia.

Skópelos, Skíathos y Alónissos, se han hecho famosas por el rodaje del musical “Mamma Mia”.

Las islas e islotes del considerado como paraíso del mar Egeo se cuenta en unas 5.000. De éstas, tan sólo unas 100 están habitadas. La gran mayoría pertenecen a Grecia. El resto, a Turquía. Cuatro son las islas principales del archipiégo: Esciro, Skíathos, Skópelos y Alonissos. La primera pertenece a la prefectura de Eubea. Las demás, a la de Magnesia.

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Alónissos es una isla de tupida vegetación, cuyos pinares llegan en muchas ocasiones hasta la playa. Isla de sorprendente belleza, cuenta con los abismos más impresionantes del Egeo. La isla fue poblada en los años de la prehistoria, y su dominio posterior causó muchas disputas entre Atenas y Macedonia. En el siglo II d.C. fue conquistada por los romanos. Luego llegaron los bizantinos que construyeron los muros del castillo de Chorio. Tras una etapa de dominio veneciano, los turcos la conquistaron el 1538 y en 1830 Alónissos se unió a Grecia.

Alónissos es la isla de los amantes de la naturaleza. Muchos la visitan para tener la ocasión de observar bancos de delfines, focas monje y el resto de los animales que pueblan el Parque Marino de las Espóradas, fundado en 1992.

El devastador terremoto de 1965 destruyó un gran número de casas tradicionales, cuyas ruinas subsisten hoy día. Muchas de ellas han sido restauradas por extranjeros, quienes poco a poco se han ido asentando más cerca del mar. Se aconseja recorrer sus calles y visitar el fuerte veneciano del siglo XV y el puerto principal de Patitiri. En los fondos marinos de Ayios Petros yacen los restos de una nave bizantina hundida en el año 120, y en Kokkinokastro se pueden ver ruinas de murallas, tumbas y ánforas.

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SKÓPELOS

La isla de Skópelos, conjuntamente con las de Skiathos y Alónissos, se ha hecho famosa, en los últimos años, por el rodaje del musical “Mamma Mia”, basado en las canciones del grupo sueco ABBA, en el que se muestran algunos de los paradisíacos rincones de la isla. En la película se la llama Kalokairi, literalmente “tiempo precioso”.

SKÍATHOS

Destaca del resto de las islas, junto a Skópelos, por la naturaleza especialmente hermosa y rebosante vegetación. Frente al Monte Pilion. Está rodeada por 60 preciosas playas. Cuenta con modernos hoteles, estudios, apartamentos y habitaciones en alquiler.

El monasterio de la Anunciación de la Virgen es donde se realizó la primera bandera griega con una cruz blanca y el fondo azul, en 1807. Visiten el monasterio de Nuestra Señora de la Anunciación en el monte de Karaflitsanaka. También los monasterios de Agios Jarálambos y el de la Santísima Virgen de Kejria.

Tiene cuarenta y cuatro kilómetros de costa de increíbles playas y un destacado paisaje natural caracterizado por la abundancia de pino mediterráneo que penetra hasta el mar. Aunque se trata de una isla pequeña es muy conocida en Europa, por lo que turísticamente es muy visitada.

Combinada con su vecina Skópelos, puede ser una maravillosa mezcla para unas estupendas vacaciones. En esta isla nació uno de los más queridos y famosos poetas helenos, Alexandros Papadiamantis. La casa de éste, en la actualidad, es un importante museo donde se exponen objetos personales y libros del gran escritor. Aquí el coche no se hace tan necesario como en otras islas. Existen autocares regulares y contínuas barcas que desde numerosos lugares transportan a los bañistas a lo largo de su costa. Se debe visitar la preciosísima playa de Koukounariés.

Skiathos pueblo es la capital. Encontraremos casas blancas pero con sus particulares características, es decir, tejas rojas y patios floridos, que junto a sus callejuelas, balcones y la policromía de sus rincones componen el encanto del pueblo.